Lo importante es participar y… poder elegir

¿Existe realmente el libre albedrío o simplemente tenemos la capacidad de elegir entre opciones preestablecidas dentro de un sistema?

The Stanley Parable / Videogame Capture

Con el planteamiento de esta pregunta comienza el primer capítulo del podcast Ocio Humano™, una pregunta para la que los participantes de este capítulo tienen variadas respuestas y también, muchas dudas. 

Poder elegir, ¿es lo mismo que ser libre?

En nuestro presente, patrones de consumo, redes, algoritmos y narrativas culturales, nos brindan una permanente sensación de autonomía. Disponemos de “libertad” para elegir qué película queremos ver, qué juego comprar o a qué festival asistir, pero muchas de estas decisiones, están previamente analizadas y predefinidas por sistemas “cajanegrizados” que moldean nuestras preferencias sin que seamos del todo conscientes de ello.  En Ocio Humano, tratan de reflexionar, durante algo más de una hora y media, acerca de esto analizando varios videojuegos, especialmente, The Stanley Parable ( Davey Wreden ). Un juego que a través de su diseño aparentemente sencillo, pone de relieve la ilusión de la elección y cuestiona el papel del jugador como protagonista.
The Stanley Parable es una metáfora perfecta que nos muestra que no siempre (cada vez menos), podemos escapar de los sistemas que moldean nuestra capacidad de agencia, pero que sí tenemos la opción (y debemos usarla),  de cuestionar estos sistemas.

Sólo tenemos que invertir tiempo en reflexionar acerca de por qué elegimos lo que elegimos y qué es lo que realmente estamos buscando vivir, sentir, ver, oler, oír… Parece fácil ¿no?

The Stanley Parable / Videogame Capture

El ocio contemporáneo se sustenta sobre las promesas de autenticidad, personalización, conexión, diversión… Vivir lo que no has vivido nunca antes. Tener la oportunidad de formar parte de “algo más grande”.  Promesas cuidadosamente empaquetadas y encajadas dentro de las expectativas culturales y estéticas de un mundo globalizado. 

Las promesas incumplidas son la buena parte de la patología de nuestro tiempo.

Marina Garcés, El tiempo de la Promesa, Ed. Anagrama

Nuestro tiempo libre se ha convertido en un trofeo en disputa. Plataformas de streaming, redes sociales, marcas comerciales, promotoras, museos, ayuntamientos, entre muchos otros, compiten por una única cosa, nuestro tiempo. Y el despliegue es máximo e infinito: eventos deportivos, visitas turísticas, conciertos, exposiciones, musicales,… construidos todos sobre las mismas promesas y bajo las mismas dinámicas de consumo. 
Todo diseñado, al igual que en The Stanley Parable, para hacernos creer que tenemos el control sobre la experiencia que “hemos elegido” vivir. Para que tengamos una sensación profunda de libertad, que !oh sorpresa¡, no es completamente real.

The Stanley Parable / Videogame Capture / https://smashthatbutton.com/

Elegir es una forma de resistencia ante un mundo que se nos presenta plenamente definido.

Nuestro tiempo de ocio es o debería ser, además de un espacio de descanso, un reflejo de nuestros valores y de nuestras prioridades (reales), por eso es importante elegir cómo y de qué llenamos ese espacio. Esto se traduce en levantar el dedo del piloto automático y recuperar el control sobre un tiempo que es muy valioso, sobre todo, para nosotros. Hacerlo, no implica dejar de compartir espacios populares o no asistir a eventos que se nos ofrecen, tan sólo se trata de añadir previamente un tiempo extra para reflexionar sobre cuáles son nuestros objetivos, nuestras intenciones, qué buscamos llenar o vaciar yendo "allí" o haciendo "eso".  
Porque ser creadores de nuestro tiempo libre pasa por dejar de ser consumidores pasivos arrastrados por la corriente, conducidos por sistemas invisibles que nos hacen creer que somos los protagonistas, que elegimos, que pantalla tras pantalla, vamos hacia donde queremos ir.  Como en The Stanley Parable.

Este artículo forma parte de nuestro fanzine digital RECREO / Vol. I.

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